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El problema de la formación tecnológica

El problema de la formación tecnológica

Llevo muchos años dando formación en tecnología. Una disciplina a la que llegué casi por casualidad. Cuando comencé como becario de desarrollo de bases de datos allá por el año 1998, a los pocos meses me encontraba dando formación a los nuevos becarios que entraban sobre el maravilloso mundo de Oracle y su entorno de desarrollo Developer/2000 (allende el cretácico superior tecnológico).

Años después, ya en el estable puesto que tuve durante 7 años en la Dirección General de Aviación Civil del Gobierno de España, me vi en la tesitura de dar formación en cursos muy concretos a grupos importantes de personas en Administración de bases de datos Oracle o el famoso iAS (internet Application Server) también de Oracle. Ahí fue cuando empecé a darme cuenta de algo que he constatado en estos meses de funcionamiento de Apple Coding Academy, así como en los años de vida de la web y basado en la multitud de consultas que llegan a mi de toda índole: la formación tecnológica es inexistente y la gente hace las cosas en, como digo yo, factor supervivencia. Hace lo que puede, como puede y con los medios que le dejan. Ya es todo un mérito, pero tiene un serio problema de cara a la calidad del producto final. Algo de lo que el primer consciente de ello es el que lo ha creado (o el equipo que lo ha creado).

“Hay que hacer esto… así que vete apañando”

La Ley de vida en muchas empresas y proyectos tecnológicos hoy día es esa frase. Coger a una persona con una preparación y convertirla en multidisciplinaria en base a una formación carente de base donde el pobre ha hecho lo que ha podido y a veces ni siquiera sabe muy bien cómo ha hecho para que funcione. Pero, oye, si funciona mejor no preguntes. ¿De verdad ese es el futuro que nos espera? El mundo tecnológico es sumamente cambiante y lo que no podemos pretender es tener a una sola persona o unas pocas que controlen 5, 8 o 10 tecnologías diferentes que además están en continuo cambio. Menos, sin una formación adecuada y que se adapte a estos.

De esta forma, en este bagaje de años me he encontrado multitud de personas con aplicaciones profesionales en la calle que no saben cómo funciona el auto-layout de iOS (por ejemplo). Ellos a base de prueba y error durante días o semanas, al final consiguen que aquello se mantengan más o menos (como el pone una ventana mal encajada en un hueco más grande y lo rellena todo de silicona para salir del problema). Ahora, eso sí, por la gloria del Santo Jobs, que no me venga nadie pidiendo un campo nuevo porque se lía. Esto no es lógico ni de recibo. Y los principales culpables no son ni mucho menos los profesionales que intentan hacer lo que pueden con lo que tienen. Son las empresas que delegan en ellos unas responsabilidades sin proporcionarles la formación apropiada al respecto.

¿Usted confiaría en un médico que en vez de tener una carrera y años de práctica en su especialidad le diera tratamientos en base a prueba y error porque realmente no sabe si lo que tiene es una dolencia de cabeza o un hueso del pie roto? ¿Contrataría un abogado que no supiera de Derecho y que en un caso concreto no supiera qué Ley o qué jurisprudencia aplicar? ¿Entonces por qué ponemos a desarrollar apps a gente no cualificada, cuando conseguir dicha cualificación es cuestión de una mínima inversión por parte de la empresa?

Seguro que alguno pensará: bueno, el médico ya estudió para eso o el abogado también. Y otros me dirán: “es que yo contraté a una persona con tal o cual experiencia para no tener que formarlo… para que hiciera el trabajo porque ya sabía hacerlo”. Perfecto entonces. Ahora, ¿qué le pasa a un médico si deja de estudiar los cambios constantes que hay en su terreno? ¿o a un abogado que no está al día de toda la jurisprudencia o cambios legislativos? Es probable que hayamos contratado a alguien con experiencia en desarrollo iOS cuando estaba la versión 8, pero… ¿y los cambios en la 9 y o la 10 cómo los aprende? O tal vez contratamos a un experto en Apple en Objective-C y ahora hay que pasar a Swift. ¿Quién se encarga de aprender los cambios de Swift 1, al 2 o al 3? Si ya hablamos de aquellos que pretenden re-utilizar recursos para nuevas tareas en nuevas tecnologías, tendríamos el caso más grave. Desde luego, ya no estamos en una época donde lo que aprendiste en la Universidad te seguirá sirviendo para siempre. Cualquier trabajo (y más, el tecnológico) requiere de una continuo reciclaje porque las herramientas (todas) cambian y evolucionan.

Lo comenté no hace mucho en un artículo. Si yo quisiera poner en mi currículum que tengo 3 años de experiencia en lenguaje Swift, estaría mintiendo. Si pongo que tengo 1 año de experiencia en soluciones Swift de lado servidor, sería imposible. ¿Desarrollado reactivo-funcional? Tiene muy poco tiempo. ¿Librerías de machine learning en Python? Muchas tienen apenas unos meses. ¿Experto en diseño adaptativo de iOS 10 con clases de tamaño automáticas o en SiriKit? Bueno… esto existe desde hace menos de un año. Y cada año se renueva.

Existen personas especializadas en la formación que pasamos días y días investigando, probando, entendiendo desde la base los conceptos… personas que creamos currículums formativos basados en progresiones de enseñanza para que no se aprenda un concepto de nivel 3 antes de uno de nivel 2, con lo que conseguimos un aprendizaje progresivo. No nos sentamos una hora antes de una clase y listo. Nos lleva meses o años preparar nuestro material, ejemplos… pero con ello conseguimos que la gente vaya viendo poco a poco, por sí misma, cuáles son las bases que necesita aprender. A, como también dije, entender para qué sirve cada ingrediente, no copiar y pegar recetas sin saber qué es un ajo, una cebolla o un pimiento. Hay que saber cuál es su textura y en qué casos pueden mezclarse o hasta qué temperatura puedo ponerlo y cuánto tiempo, para que no se quemen o pierdan su sabor.

Todo el mundo puede cocinar, pero profesores de cocina hay pocos, ¿verdad? La programación y la tecnología tiene algo de similar. Es un arte liberal, es creatividad pura. Coger ingredientes y crear algo de la nada que está en nuestra cabeza. Como pintar, cocinar, esculpir… pero para ello es necesario que haya una buena formación. Una inversión mínima por parte de las empresas para que sus profesionales tengan los conocimientos necesarios para hacer un buen trabajo, para que se reciclen al ritmo que la tecnología exige y que cumplan con su labor.

Porque si queremos que se formen solos (que no digo que no sea una mala opción en según qué casos) entonces seamos consecuentes y que tengan el tiempo necesario para ello sin trabajar en proyectos reales. Que tengan el tiempo necesario para documentarse, prototipar, probar y conseguir por sí mismos la formación (internet es una fuente inagotable de sabiduría). Pero claro, eso puede suponer semanas o meses de investigación (no es leer un manual, un libro o ver un curso online y listo) y por lo tanto, será mucho más económico y eficiente contratar un buen formador (que por suerte ahora los hay para casi cada materia, tanto presencial como online) que enseñe a nuestro personal a hacer y entender bien las cosas. Porque somos responsables de su trabajo y su formación es nuestra responsabilidad como empresarios.

Conclusiones

Pagarles cursos presenciales, tener una tarifa plana de vídeos formativos en alguna plataforma online, comprar cursos en servicios como Udemy… hay muchas opciones. Ellos estarán contentos, harán un mejor trabajo y eso repercutirá en calidad y prestigio para la empresa y su trabajo. Todos salen ganando. Se acabó aquello que una persona está en su trabajo 40 años, haciendo lo mismo y eso de la formación es lo que hizo cuando fue al colegio.

No hay nada que me llame más la atención que un trabajador que paga de su bolsillo la formación para poder hacer mejor su trabajo, cuando ese dinero debería salir de la empresa para la que trabaja. Y no estamos hablando que el trabajador no esté cualificado. No, lo que decimos es que no se puede pretender aprender sobre la marcha mientras estás en un proyecto real con las presiones que se derivan del mismo. Demasiado hacen ya con el tiempo y los recursos que les dejan. Pero mientras tengamos empresarios que piensen que un empleado es una carga y no un activo de la empresa, poco futuro nos espera. Bienvenidos al cambiante siglo XXI donde cada cosa tiene su tiempo y su lugar. Primero formación, luego trabajo. Ambas cosas a la vez no han sido nunca buenas compañeras. Un saludo y Good Apple Coding.

Acerca de Julio César Fernández

Analista, consultor y periodista tecnológico, desarrollador, empresario, productor audiovisual, actor de doblaje e ingeniero de vídeo y audio.

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